Poesía y otras hierbas

23.10.2015 18:37

 ¿Para qué escribir, entonces? 

¿Para sublimar el agobio de tu locura? 

Eso sí vale la pena: 

no tratarás de convencer a nadie 

ni habrá postulados. 

Solo poesía.

 

 

 

(OTOÑO)

 

Imaginate la ausencia de un 35 aniversario.

Imaginate extrañándote, llamándote por fin.

Imaginate un beso.

Imaginate todos los vacíos:

que les damos asueto,

que nos sacudimos las piolas

y el herrumbre paciente

hasta hacerle un gran nudo a la tristeza.

 

Imaginate, nomás imaginate

que le estruje el silencio

al señor uno, al señor dos 

y al señor tres, 

de los señores puntos suspensivos,

y después me disculpe desfachatadamente

sin muchas intimidades en el trato.

 

Imaginate hablarnos, un abrazo

y el resultado de un secreto consabido,

nuestra mutua verdad mentida a todos.

 

Imaginate la pasión,

tan, pero tan adolescentemente enamorada 

que falta sin aviso.

 

Imaginate besarnos

arrodilladas de canto gregoriano.

Imaginate un beso y otro…

Imaginate un escándalo,

total no cuesta nada.

 

Imaginate reírnos

de los dos romanticismos

Intrigadísimamente enamorados.

 

Vos señalando el nombre de las cosas:

árbol, barco, tormenta, pájaro, mimos,

y yo embarullando las confusiones,

total esta locura es responsable.

 

Imaginate mirarnos desde adentro

y abrazarnos en todas las esquinas.

Imaginate un beso…

 

Imaginate que un beso no fuera solamente un beso

en tu recuerdo antiguo

sino un tumulto de eterna complicidad.

 

 

 

 

(PRIMAVERA)

 

Imaginate un beso y la distancia.

Imaginate en el dolor, 

en la asamblea anual de los que esperan.

 

Imaginate los esporádicos encuentros

invadidos por los cuerpos

haciéndole el amor a los caminos

 

Imaginate que paso a buscarte  o que me olvido,

una Navidad compartida

y un libro indedicado.

 

 

 

 

(VERANO)

 

Imaginate una visita a la marea

y volvernos tostadas de entreveros.

 

Imaginate la espuma

de la probable furia fugitiva,

una caricia boba sabida de memoria por las partes,

castillitos de arena tartamudos de sueño a la mañana.

 

 

 

 

 

 

 

Erotismo express (de mis viajes y oídas)

1.

En la cabina del personal de a bordo, Maggie le hacía una mamada piadosa a Serguei, el camarero de a bordo, que había lloriqueado durante todo el trayecto porque su novio le había abandonado. Siempre supe que Maggie era una buena madre. Serguei salió como nuevo a cumplir con el service. Y no pensaba en su abandono.

2.

La Dra. Cenoit regresaba de uno de sus congresos de oncología. Esta vez había sido en Massachussets. Su marido la esperaba ansioso en el aeropuerto –ansioso de escuchar sus relatos eróticos de la fiesta que ella y dos colegas de distintos continentes habrían gastado–. Luego de masturbarse mutuamente, dormirían y se levantarían temprano para desayunar, leer la prensa e ir a sus puestos privados de trabajo, a vender sus conocimientos.

 

3.

Marius, Ernest y Jordi decidieron ayudarlo. Sí; hay que ayudarlo, dijo Marius, es un romántico y eso le impide ser feliz; no goza libremente de su cuerpo. Habrá que usar drogas, eso sí. Yo soy capaz de inducirlo, sin necesidad de darle un trip. Puede ser traumático, dijo Jordi. Nacer siempre es traumático. Fueron a la casa y tal como habían acordado, el romántico los esperaba con una hermosa mesa, el ambiente olía a esencia de palosanto. El champaña estaba a la temperatura justa y el caviar era gris. Cenaron maravillosamente y se distendieron sobre los sofás. El romántico obedeció yendo a buscar el lubricante para la ceremonia y, cuando regresó, los tres yacían plácidamente muertos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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